El Metodo Gabriel en 3 pasos
El Metodo Gabriel,adelgazar para siempre es sencillo una vez que sabes como hacerlo.
Así pues, el primer paso es comprender que no se trata de fuerza de voluntad, y aceptarlo. En lugar de esforzarse en vano contra el abrumador instinto del “cerebro animal” para mantenernos vivos, lo único que hay que hacer es comprender por qué nuestro cuerpo quiere estar gordo y, a continuación, eliminar esas razones. Elimina las razones de que tu cuerpo quiera estar gordo y querrá estar delgado... naturalmente.
La verdad es que tu cuerpo no quiere estar gordo para hacerte daño o castigarte. La única razón de que tu cuerpo esté gordo ahora mismo es que, por algún motivo, cree que lo hace por tu bien. Pero en cuanto identificas los problemas y empiezas a hacerles frente,todo cambia.
Podrás saber inmediatamente cuándo el cuerpo ha dejado de querer estar gordo. No tendrás tanta hambre y no pensarás tanto en la comida. Tendrás más energía y entusiasmo, y ya no estarás en guerra con tu cuerpo.
Quizá no se vea de inmediato en el exterior, pero sabrás enseguida que algo ha cambiado en el interior. Tu relación con la comida cambiará, y tu relación con tu cuerpo cambiará. Tu cuerpo ya no se dedicará a socavar tus esfuerzos.
Una vez que elimines las razones de que tu cuerpo quiera estar gordo, también cambiará tu relación con el ejercicio. En estos momentos quizá pienses que detestas hacer ejercicio;no te culpo. Hay una razón muy real de que detestes el ejercicio: tu cuerpo no quiere que hagas ejercicio, porque si lo haces, perderás peso. Mientras tu cuerpo quiera estar gordo, no querrá que seas activo y quemes calorías, porque eso sólo hará que le resulte más difícil mantener el peso.
Tu cuerpo hace que estés cansado y letárgico para que incluso pensar en hacer ejercicio te cause dolor. No es una coincidencia; es algo que tu cuerpo hace con toda la intención para que sigas siendo sedentario.
No obstante, una vez que elimines las razones que hacen que tu cuerpo necesite estar gordo, querrá ser activo de nuevo. El ejercicio ya no será una dura tarea y la actividad puede llegar a convertirse en una de tus máximas alegrías.
Lo repito, aunque quizá no se vea de inmediato: es sólo cuestión de tiempo el que empieces a perder todo ese peso. Sabrás que el cambio ya se ha producido en tu interior, y que sólo es cuestión de tiempo para que todos los demás lo vean en el exterior.
Yo supe más de dos años antes que los demás lo que estaba pasando dentro de mi cuerpo. No hablaba mucho de ello, pero sabía lo que pasaba. Tal vez anduviera por ahí en un cuerpo de ciento ochenta kilos, pero en mi cabeza tenía la imagen de un adolescente que pesaba ochenta kilos.
A partir de ese momento, fue una certeza.
Lo más asombroso de todo fue que, cuanto más peso perdía, más rápido lo perdía.
Descubrí que hay una razón para ello. El cuerpo tiene un control absoluto sobre lo rápido que quemas grasas. Si quiere estar más delgado, quemará la grasa muy rápida y fácilmente. Esta es la mayor diferencia entre el método gabriel y una dieta: cuando más delgado quería estar mi cuerpo, más rápido perdía peso.
Todas las dietas empiezan de la misma manera. Al principio pierdes peso muy rápidamente, pero luego esa pérdida de peso se hace más lenta.
Finalmente, dejas de perder peso por completo, sólo para empezar a recuperarlo un poco más tarde.
Al principio yo no perdía peso rápidamente: lo perdía lentamente. Perdí once kilos en los primeros seis meses. Eso representa un poco menos de medio kilo a la semana. Para alguien que pesaba ciento ochenta kilos, no era ningún récord.
Pero luego, en lugar de ir más despacio, empecé a perder peso más deprisa.
Perdí otros sesenta y ocho kilos a un ritmo de casi un kilo por semana, y perdí cerca de diez más a un ritmo de un kilo y medio por semana.
Los últimos diez kilos —el peso que la mayoría de gente dice que es imposible perder— los perdí a un ritmo de más de dos kilos por semana. Cinco veces más rápido que los diez primeros. No sólo era posible perder esos últimos kilos, en realidad se esfumaron volando. Sencillamente, mi cuerpo no podía soportar tener ni un gramo de grasa encima. Se deshizo de cada gramo de aquellos últimos kilos que quedaban. Veía de nuevo todos los músculos de mi abdomen, que era algo que había soñado, pero que no había podido hacer desde niño.
Más aún, casi no mostraba señales de haber sido patológicamente obeso. Mi piel se puso tensa y firme. Este hecho continúa desconcertando por igual a médicos y profanos en la materia.
No tuve que hacer mucho para conseguirlo, y tú tampoco tendrás que hacerlo. No fue un esfuerzo. En realidad, sólo son tres las cosas que hice desde el primer día:
1. Nunca dejé pasar ni un día sin asegurarme de que le había dado a mi cuerpo la nutrición que necesitaba, de una forma que pudiera digerirla y asimilarla. Me concentraba en añadir lo que faltaba.
2. Dediqué por lo menos un poco de tiempo cada día a practicar unas técnicas que elaboré para hacer frente a las causas mentales y emocionales de la obesidad.
3. Cada noche, al irme a dormir, visualizaba mi cuerpo ideal, exactamente con el aspecto y la sensación que quería que tuviera. Al final, esa visión se hizo realidad.
¿Que si empecé a comer menos? ¡Pues claro que sí! Pero fue porque ya no tenía tanta hambre. ¿Que si empecé a comer de forma más sana? ¡Sin ninguna duda! Pero fue porque empecé a tener ganas de alimentos más sanos. ¿Que si hacía ejercicio? ¡Puedes apostar a que sí! Y disfrutaba de cada minuto. Es lo que mi cuerpo quería que hiciera. Pero no te preocupes; en este libro nunca te pediré que te obligues a hacer ejercicio ni que te fuerces a hacer nada.
Sólo te pediré que hagas tres cosas:
1. No pases ni un solo día sin añadir los nutrientes de los que tu cuerpo siente hambre.
2. Escucha mi Grabación de Visualización nocturna, o pasa por lo menos diez minutos al día practicando las técnicas de visualización de que hablo en este libro.
3. Escucha a tu corazón y a tu cuerpo.
Si estás dispuesto a hacer estar tres cosas, me gustaría invitarte a que me acompañes en el que puede ser uno de los viajes más satisfactorios de tu vida, dotado del potencial no sólo de transformar tu cuerpo, sino de transformar todos los aspectos de tu vida que desees.
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