El Metodo Gabriel morirse de hambre

Publicado en por el metodo gabriel

El Metodo Gabriel ansiedad y nutricion

 


Detestaba estar tan obsesionado con la comida y tratar cada señal de hambre como una batalla que tenía que librar. Detestaba clasificar cada día según lo bien que me había portado: “¡Sí, hoy he sido bueno!” O, en un mal día:


“Vale, hoy esto va mal, pues ve a por todas. Vete a la tienda y compra todos los pasteles, galletas, bizcochos de chocolate y todos los sabores de helado que haya. No, chocolate no. Tiene demasiadas calorías. Coge ése que no tiene grasas; el de vainilla con plátano. Y ya que estás, podrías probar también el de fruta de la pasión y el de melocotón. ¡Bah, a la mierda! Ya que vas a comprar todo eso, igual puedes comprar un helado de verdad, con chocolate, nueces, bizcocho y dulce de leche, en tamaño doble. Pero no te lleves sólo ése, porque un día es un día y, puestos a hacer, también podrías comprar el otro que hace mucho tiempo que te mueres de ganas de probar”.

 

el-metodo-gabriel-atracon.jpgLa dieta y el atracón eran mi manera de vivir, pero cuando comprendí la situación, renuncié a todo eso. Lo abandoné y dejé de tener días buenos y días malos; dejé de tratar cada punzada de hambre como una batalla. Si tenía hambre, comía, y si no tenía hambre, no comía. Si quería algo con el doble de lo que fuera, lo tomaba. Daba un bocado o dos o diez o me lo comía todo. Como ya no llevaba la cuenta, me daba igual. También vi que muchas otras personas no cuentan lo que comen. No prestan atención y, sin embargo,nunca aumentan ni medio kilo. Yo digo que son “naturalmente delgados”.

 

Como es natural, los delgados no tienen una relación disfuncional con la comida. No tienen días buenos y días malos. No hay cosas que no puedan comer. Comen lo que quieren, siempre que quieren. No se preocupan por lo que es mejor para ellos. No les importa. Sencillamente, comen cuando tienen hambre y ya está... Final de la historia.


Así que empecé a vivir de esta manera. Empecé a vivir como si fuera una persona naturalmente delgada; comía lo que quería, siempre que quería, pero con una diferencia: me aseguraba de incorporar ciertos alimentos que sabía que contenían los nutrientes que mi cuerpo necesitaba, en una forma que pudiera digerir y asimilar.

 

Al principio, los alimentos que ansiaba eran los mismos. Seguía tomando un montón de comida basura como efecto de rebote por haberme negado tantas cosas, tanto tiempo. No obstante, esto cambió gradualmente, y empecé a desear no sólo menos cantidad de comida, sino también alimentos más sanos. Ahora, si mi cuerpo tiene hambre, la tiene por alguna razón. La clase de alimentos que mi cuerpo ansia son frutos frescos y ricas ensaladas, llenas de color. La comida que antes veía como una tarea pesada o un castigo,ahora me sabe más rica que todo lo que comí en mis quince años de caprichos y de una vida de excesos, en Nueva York.

 

Mis gustos se han transformado por completo. La mayoría de lo que ansiaba no era realmente comida. No era más que azúcar y sabores artificiales. Prácticamente, lo único que me metía en el cuerpo eran calorías vacías. Es decir, en realidad, una de las razones de que siempre tuviera hambre era que me moría de hambre de nutrientes.


Estaba matando de hambre a mi cuerpo. Como no podía utilizar lo que yo comía, no estaba satisfecho y seguía sintiendo hambre. Por mucho que yo comiera, mi cuerpo no recibía nutrición, porque en lo que yo comía, no había nada que lo nutriera. Imagina que sólo alimentas a un bebé con soda. Esto es lo que se me ocurre cuando pienso en aquel periodo de mi vida.


El bebé necesitaba leche materna y yo le daba cola. ¿Qué otra cosa podía hacer sino llorar y llorar? Tenía que hacer algo. Tenía que pedir más de lo que yo le estuviera días en que ingería más de cinco mil calorías, a pesar de todo me estaba muriendo de hambre, nutricionalmente hablando.

Mi cuerpo estaba en un modo de hambre perpetua, pese a un suministro, al parecer infinito, de comida vacía de nutrientes, y pese a cargar con comida de reserva, en formade grasas, en exceso, suficiente para durarme las tres vidas siguientes.metodo-gabriel-conferencia

 

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